Liquidez

Soy una gota de sangre.
Deslizo por tu cuerpo
Sin dejarte agarrarme,
Navego entre tus pechos
En realidad,
Sin ningún derecho
Y caigo en tu ombligo.

Soy una gota de vino,
Bueno, tinto,
Acaricio el labio mordido
Reposo sobre la roja
Carne cruda
de tu herida.
Después me precipito
desde el abismo de tu barbilla.

Soy una gota de saliva tuya.
Caliente.
Me escondo en la comisura
hasta que abras la boca,
Perdiendo la cordura.
Y lenta, patinaré
en la blancura
de tu cuello infinito,
buscando la paz
en tus pezones rosas.

Sweet Sixteen

Cuando cumples tus primeros 18 de repente te sientes mayor. Hasta esta fecha mágica parecía que nunca ibas a envejecer, que siempre vas a ser joven y alegre y disfrutar de la vida. Y entonces de golpe te viene a la cabeza que probablemente no podrás ser siempre adolescente.
Entrando en la segunda decena, tu edad ya te impone cosas como trabajo, responsabilidad, preocupación por el futuro y chorradas de estas que implican ser un miembro de la sociedad en pleno valor. Son cosas de "adultos", de las que antes, probablemente, se encargaban tus padres, hermanos, tíos y tutores legales, dejándote soñar mientras eras joven. Pero luego, como eres ya mayor de edad, todas estas preocupaciones se te delegan a ti y pesan sobre tus hombros.
Ahora, cuando debes pensar por ti mismo y tomártelo en serio, como lo hacían tus padres, hermanos etc. estás allá en el abismo, entre los sueños y la realidad.
Pues yo tengo miedo. No a la realidad, obviamente. Sino que temo que la realidad pueda matar mis sueños. Todos estos planes de comerme el mundo, transformar y mejorarlo, de crear e imaginar, y no simplemente producir, pueden sufrir daños por el choque con la vida de un ser ocupado ganando dinero para el pan para él mismo y para los suyos. Tengo miedo de que mis ganas de vivir se limiten a las ganas vivir en una casa más bonita con un jardín y piscina sin faltar, claro está.
Me horroriza la idea de que mi chispa, mi ingenio juvenil, mi talento, desaparezca entre los grises días de la vida de un miembro de la sociedad como dios manda, qué está en un lugar adjudicado para él, produciendo para otros miembros, y sin pensar siquiera, que hubo tiempo, cuando quería cambiar el mundo.

Volver

A estas alturas, me parece que debería haber sido de una manera diferente. O, por lo menos, desearía que hubiese sido de una manera diferente. No sé, me parece que estaría bien, empezar desde principio, con otro pie, de nuevo... No fue mal, pero lamento no lamentar el final. Por un momento, pensé que me destrozaría, pero no, siquiera me ha dejado un arañazo. El yo masoquista gritó con desesperación, pero el yo normal encogió los hombros y ya no se giró atrás nunca más. Ahora, lamento no girarme, lamento no sufrir, lamento dejarlo ir, lamento no abrirme, con el corazón al descubierto, a esta cosa cálida que tenía entre manos.
¿Querrás volver? 

Gilipollas

Me gusta, el día antes del examen, sin haber hecho una mierda, dedicarme a mirar viejas fotos y escritos, los libros guardados en mi ordenador y homenajear el pasado con este acto de la pereza humana.

Feliz Cumpleaños

Si tuviera que desear algo a un amigo, le desearía paz. Aparte de la ausencia de guerras en la tierra, también significa que ningún conflicto interior colma el vaso de su alma. Le desearía paz, como otros recurrirían a la palabra "felicidad". Le desearía liberarse de aquel animal que a veces se dedica a desgarrar las tripas ajenas desde dentro. Y vivir en paz.

¿Palabras mágicas?

Si echamos las cuentas, las palabras "te quiero" han destruido tanto como han construido. Han roto vidas, amistades, por no decir corazones, ya que, sinceramente, sigo creyendo que es simplemente un órgano. ¿Y que han creado estas palabras "mágicas"? ¿Qué es exactamente este amor del cual está hablando todo dios? ¿Es como el hambre por alguien? ¿O el mono por alguien? ¿La resaca? Nunca lo compararé con el ahogamiento que figura tanto en las cartas del amor: dudo mucho que exista cualquier cosa que te impida respirar cuando hay aire.
Espero no necesitar nada más que mis cigarrillos. 

Post Scriptum

No, lo mío no tendrá un final feliz. Yo seguiré llorando durante años por estos dos.
En un mes me sentí huérfana. En un mes. Uno me dejó solo un mensaje en el buzón de voz y la otra nada más que un aroma flotante en mi memoria. ¿Porque no pensasteis en mí?
Yo también quiero recibir cartas de vosotros, guardarlas en un cajón y mirar las letras de mi nombre escritas por vuestras manos.
No quiero despedirme. No quiero despedirme de nadie más, llorando a solas sin fuerza de decir el último adiós. No quiero que las películas estúpidas me recuerden que he perdido tanto en mi corta vida que me duele el vacío en el pecho. No quiero perder, ni llorar, ni sufrir. Nunca más. No quiero querer.